Última actualización el 01/11/23 por David Naranjo

El café y su aromática travesía a Europa

Inicio 9 Curiosidades y más... 9 ¿Cómo llegó el café a Europa?
Hace más de 4 siglos que el café llegó a Europa por primera vez. Esta bebida con efectos estimulantes ha sido apreciada desde su descubrimiento en Etiopía, hasta los lugares más recónditos del mundo.
El primer europeo en observar la preparación de un café sería Leonhard Raufolf, botanista, médico y explorador alemán, que escribiría lo siguiente en su diario de viaje de 1582:
“En Alepo preparan una bebida excelente de la que están muy orgullosos. Es casi tan negra como la tinta y buena para los males, sobre todo los de estómago. Tienen la habitud de tomarla cada mañana, incluso en los lugares públicos”.
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¿Cuándo llegó el café a Europa?

Para comprender la difusión del café más allá de Arabia es imposible de hacer abstracción de 2 fenómenos: la fuerza del imperio Otomano y la creación de compañías de las Indias europeas, ya que la difusión del café comenzaría en las zonas de contacto entre Otomanos y Europeos.

En Italia, mas concretamente en Venecia, ya se escuchaban historias que hablaban de una “infusion negra revigorizante” que se tomaba en Arabia y en 1610 desembarcarian en el puerto de Mocha los primeros mercaderes europeos, esperando encontrar el tan preciado grano de oro negro.

Son múltiples los aventureros, mercaderes e incluso piratas los que se precipitaron a Arabia en busca de nuevos descubrimientos y tesoros. Uno de los primeros en probar suerte fue el inglés Jhon Jourdain, viajando en 1608 hasta el puerto de Aden, donde organizaría conexiones entre este y el puerto de Mocha, ambos en la costa de Yemen, donde el café llegaba procedente de Etiopía.

Holanda, la primera nación del café en Europa

Los holandeses se unirían rápidamente al movimiento y, en 1616, Pieter van den Broeke transportaría la primera carga de café verde a Ámsterdam. Esta iniciativa permitiría a los holandeses establecer un monopolio del comercio del café en todas las Naciones del Norte hasta 1660, afirmándose como la nación del café durante más de un siglo.

Los venecianos también se unirían a la aventura del café, ya que se han encontrado evidencias de comercialización de granos de café que habrían tenido lugar en 1615, en la península italiana.

Pasarían algunos años hasta que las exportaciones de café se convirtieran en un verdadero negocio y no sería hasta el año 1640 que el comercio del café se asentaría realmente en las Provincias Unidas y en Londres, en 1660. Estos movimientos comerciales eran muy reducidos, ya que la consumición de café estaba reservada a la élite, aunque la tendencia no tardaría en cambiar.

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A Venecia

Gracias a su puerto marítimo, Venecia poseía el monopolio de intercambios comerciales con el imperio Otomano y el mundo árabe en general. Los primeros vendedores de café fueron pequeños mercaderes ambulantes, que no tenían competencia alguna antes de la aparición de los primeros “Caffé”.

La primera “Bottega del Caffé” abriría sus puertas en Venecia en 1645, a la que le siguieron rápidamente numerosas aperturas, ¡en el año 1700 se podían contar más de 200 “Caffé” en la ciudad italiana!

A Francia

Del otro lado de los Alpes, los marineros de Marsella se afirmarían en los mares y harían de su ciudad el “puerto de Oriente”, convirtiéndose rápidamente en uno de los puertos de importación de café más grande a escala europea.

Pierre de la Roque (negociante marsellés), en su regreso de un viaje a Constantinopla, traería consigo los granos y útiles necesarios para preparar café al estilo turco.

Estamos en 1644 y es la primera vez que el café llega a Marsella. De la Roque será el encargado de preparar y dar a probar la enigmática bebida a sus familiares y amigos. Rápidamente, la consumición de café se extiende por toda la ciudad y los mercaderes comienzan a llegar a Marsella con cargas de café obtenidas en sus viajes.

El café llega a París

Pero no será hasta 1669 que la Corte Francesa escuchará hablar del café por primera vez. Fue gracias a un embajador que llegó a París para representar a Mehmet IV ante Luis XIV y que presentaría a los nobles aristócratas la bebida, hasta el momento desconocida. La leyenda cuenta que el Rey Sol apreció la bebida, pero se cansaría rápidamente, ya que en aquella época se trataba de un producto caro y difícil de obtener.

Habra que esperar hasta 1689, cuando el siciliano Francesco Procopio dei Coltelli decide abrir Le Procope”. Con una decoración tan elegante como lujosa, sirve este oro negro que hace las delicias de intelectuales como La Fontaine o Voltaire. Para que conste, este café se convertirá en uno de los centros neurálgicos de la Revolución Francesa, y acogerá a personajes célebres de esta época como La Fayette.

A finales del siglo XVII dos pensamientos se afrontan sobre la cuestión del café: el primero, dirigido por Madame de Sevigné (escritora), estaba de acuerdo con la consumición del nuevo brebaje, mientras el segundo se oponía fuertemente, denunciando sus virtudes excitantes y aparentemente dañinas para el organismo y la sociedad en general.

Esta disputa política y medical llegaría a su fin gracias a un tal Monin, un médico que aparentemente tuvo la idea de añadir un poco de azúcar y leche al café, inventando de esta manera una de las preparaciones de café más consumida en nuestros días: el café con leche, aunque son varias las leyendas que narran la invención de esta bebida.

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A Viena

Los vienenses deben mucho a los turcos, ya que la ciudad estuvo durante algún tiempo ocupadas por sus tropas, y una de ellas es el café. La historia del café en Viena comienza gracias a un botín dejado por las tropas turcas antes de abandonar la ciudad: algunos sacos de granos que servían para preparar una misteriosa bebida.

Sería un soldado, Franz Kolschitzky, osado viajero que conocía bien las costumbres del enemigo, quien lograría adquirir los preciados granos y abriría una posada en Viena para servir el delicado brebaje. En 1683 nace en Viena una de las preparaciones de café más dulces, el café Vienes, difundido rápidamente en toda Europa.

A Alemania y Londres

A partir de 1670, todas las grandes ciudades de Alemania asistirían a la apertura de nuevos establecimientos “las cafeterías”.

A mediados del siglo XVII, la Compañía Británica de las Indias Orientales intenta atrapar su retraso en la cultura del café sobre los holandeses y vieneses.

Tras fracasar en su intento de ser el líder del comercio del café, el Reino Unido tira la toalla y centra sus esfuerzos en el comercio del té. Múltiples incentivos legislativos y promociones de todo tipo fueron ofrecidas al pueblo inglés para que prefirieran el consumo del té en lugar del café.

Tanto la bebida como los centros de consumición de café estaban muy a la moda en aquella época y ofrecían a los ingleses alternativas diferentes a la cerveza y los pubs. Esta nueva bebida, aunque no contenía alcohol, tenía cafeína, inquietando a las autoridades en cuanto a su consumo.

Las preocupaciones llegaron a tal punto que en 1675, el rey Charles II decide cerrar los Coffe Houses, que también eran consideradas como verdaderas guaridas de liberales y revolucionarios. Los Coffe House atraían a los marinos y mercaderes que intercambiaban sus historias y aventuras en sus largas expediciones y poco a poco, estos establecimientos donde se solían compartir cafés e información, fueron ocupados por compañías de seguro marítimas.

Al contrario de lo que puedan inspirar los estereotipos, Inglaterra está estrechamente relacionada a la historia del brebaje negro, y aún en los albores del siglo XXI continúa siendo una de las grandes naciones del café.

Historia del café

¿Queréis conocer la historia del café desde sus orígenes a la actualidad?

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